11 Dic 2009

El gran viaje. El sueño y la sonrisa

0:47H

VALORE DI UN SORRISO

(di Padre Faber)

Donare un sorriso
Rende felice il cuore:
Arricchisce chi lo riceve
Senza impoverire chi lo dona.
Non dura che un istante
Ma il suo ricordo rimane a lungo.

El sueño

Me paseaba, como cada día, con la sana intención de rebajar la dosis de glucosa

de mi sangre y mientras la gente, hombres y mujeres, que se dirigían al tajo,

pasaban a mi lado presurosos, sin apenas mirarse los unos a los otros yo, como cada día,

al verlos meditaba sobre la cantidad, no de glucosa o colesterol, de anestesia que a los

españoles nos han inyectado en vena.

Hemos pasado decenas de años anestesiados por el miedo al dictador y cuando

ya parecía que estábamos liberados de tanta congoja llega la crisis, de la que todo el

mundo habla, y nos proporciona una reacción anestésica de una profundidad insólita.

En todas estas cosas pensaba mientras pasaba frente a una oficina del paro en la

que hacían cola un numeroso grupo de personas.

Primera estación.- Trabajo por un salario

La cola de gente en la puerta de la Oficina del Paro me había hecho recordar la 

Bolsa que, como sabemos, es un mercado donde se conciertan compra-ventas diversas.

En este mundo globalizado que padecemos, el capitalismo nos ha proporcionado la

existencia de tres tipos de bolsas: la de comercio, la de valores y la de trabajo.

La Bolsa de Comercio, donde se efectúan la compra-venta de mercancías al por

mayor y donde el vendedor puede vender lo que no tiene y el comprador lo puede hacer

sin dinero en efectivo.

La Bolsa de Valores, mercado de títulos de valor, acciones y obligaciones que

son objeto de compra-venta según los precios registrados. Las oscilaciones en los

precios están condicionadas por el carácter cíclico de la producción. En los periodos de

auge de la producción industrial, las cotizaciones se elevan y en las crisis bajan

considerablemente.

Centremos nuestra meditación en la Bolsa de Trabajo: que es un mercado de

compra-venta cuya mercancía es la constituida por la fuerza de trabajo. Se suele

desarrollar mediante una serie de Instituciones que hacen de intermediarias entre los

trabajadores desocupados y los dueños de los medios de producción. Se ocupa de

canalizar la oferta de mano de obra libre, que ofrece sus servicios.

En este mercado de trabajo se produce un rifirrafe entre los trabajadores que

venden la mercancía de su fuerza de trabajo y los capitalistas que son los compradores

de la misma. Esta clase de “servicios”, en general dependientes del capital, defienden a

los empresarios y tratan de obligar a los parados a aceptar condiciones draconianas, bajo

la amenaza de la miseria, si se les excluye de tener ocupación.

El trabajo es el bálsamo de fierabrás de los capitalistas. A través del trabajo es

como acumulan valor. Para el capital el trabajo es un valor de uso ya que satisface sus

ansias de plus valor, para el trabajador es un valor de cambio que le sirve para

intercambiar por otros valores de uso en el mercado. El trabajador cambia su fuerza de

trabajo, a cambio de su subsistencia. Él mismo se constituye como mercancía y

transfiere su vida al capital, se mercantiliza y aparece el asalariado.

Según las teorías de los capitalistas por fin el trabajador es “libre” que es

precisamente el carecer de valor y sólo lo puede obtener si se vende por un salario y

pasa a ser una simple máquina de trabajo. Esta mal llamada libertad no es más que un

fraude total y la autonomía del trabajador una utopía ya que el obrero depende para

sobrevivir, junto a su familia, de la gracia del empresario.

Como el intercambio entre “equivalentes”, capital y trabajo, no es más que una

mera apariencia el trabajador vende su trabajo en contratos muy ventajosos para el

empresario hasta tal punto que incluso adelanta su trabajo al pago proporcionando así

crédito al capitalista. La ficción jurídica del contrato mantiene en pié las apariencias de

que el asalariado es independiente.

Segunda estación.- El proceso de ganarse el sustento y el de acumular capital

Seguía meditando mientras caminaba y me vino a la memoria que si hay capital

y capitalistas en la actualidad se lo debemos fundamentalmente a la existencia de

millones de trabajadores “libres” que la democracia burguesa que “disfrutamos” nos ha

proporcionado. Millones de trabajadores que en su libertad luchan, y claman, por tener

un salario que los permita vivir con una, aunque ligera, dignidad y criar a su familia.

Se lo ponemos francamente bien al capital cuyo fundamento empieza por la

explotación del trabajo de los proletarios a través de la producción de mercancías y su

distribución para el consumo.

El empresario recibe la necesidad de integrarse en un proceso laboral por parte

del trabajador con la intención de producir un valor de uso que tenga valor de cambio,

una mercancía que pueda ser destinada a la venta y obtener plus valor.

Resumiendo, en el proceso de producción el obrero trabaja con los medios de

otro, bajo el control de otro, y, además, el producto de su trabajo pertenece a otro y en

cambio para el capital el proceso laboral es un medio de obtener beneficios.

Los beneficios del capital se obtienen a través del proceso productivo. El obrero

pone su trabajo en la mercancía y recibe como paga menos valor que la cantidad de

esfuerzo que emplea. La diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo, el salario, y su

valorización en el proceso laboral constituyen el beneficio empresarial.

El capital, en su continua búsqueda del beneficio máximo, ha introduce en el sistema

la máquina. La máquina permite que bajen las necesidades de mano de obra,

generándose un conjunto de población trabajadora superflua. El aumento de la oferta de

trabajadores en busca de un salario reduce costes laborales inevitablemente con el

exceso de competencia. Los desocupados son utilizados como presión y se produce las

reducciones de salarios.

Tercera estación.- Consecuencias de la máquina

Al llegar la máquina salen por la misma puerta una cierta cantidad de obreros. Al

avance técnico sigue una acumulación de medios productivos que sustituyen al obrero,

haciendo disminuir la necesidad de mano de obra humana.

La máquina es el gran sustituto del obrero. Su fuerza equivale a miles de

hombres, lo que quiere decir que miles de hombres son ahora prescindibles. La

máquina, con la reducción de las necesidades de mano de obra, abarata los productos,

reduciendo el tiempo de trabajo necesario para la producción de la mercancía.

Otra consecuencia muy importante de la presencia de la máquina es que enseña

al obrero la necesidad de su silencio y obediencia. La rebelión puede dejar al obrero

fuera de combate. La máquina es un gran aliado del empresario frente a la protesta

obrera. La experiencia le ha enseñado que la bienvenida de las nuevas tecnologías

suelen conllevar el despido.

Cuarta estación.- Las contradicciones y sus consecuencias

El capital lleva en su ADN la necesidad constante de incrementarse por lo que

impulsa al trabajo mucho más allá de los límites de la necesidad de consumo de los

productos que fabrica. Crea mercancías para un público y muchas veces también crea la

necesidad de su consumo.

La manera más clásica de competir es vendiendo más a precios más bajos. En

teoría el precio de venta de un producto se regula a través de la competencia en el

mercado. Un nuevo comerciante venderá mas barato y así poder ganar clientes, sus

competidores lo reducirán aún más para evitar la pérdida.

Dentro de la fábrica se economiza al máximo para obtener el producto al mejor

precio pero no es exactamente así cuando la mercancía se comercializa y sale al

mercado, donde hay un cierto despilfarro. Algunos objetos de la producción aparecen y

desaparecen como cosas superfluas. Una vez salido de fábrica, el objeto comienza un

recorrido incierto. El destino de la producción ha sido generar un objeto vendible, pero

esto no implica que el objeto, de hecho, se venda. Miles, millones de objetos son

producidos y no llegan a ser comprados y consumidos. El trabajo gastado se

desperdicia, la producción de mercancías pocas veces está vinculada a necesidades

reales. Incluso se presenta con frecuencia el absurdo de la sobreproducción.

Este sistema de contradicciones tiene también sus límites. La vida industrial

tiene sus ciclos. A una animación mediana de la industria le sigue un cierto periodo

de prosperidad, seguido, a su vez, por un periodo de sobreproducción y crisis y,

finalmente, un periodo de estancamiento previo a una nueva mediana animación. El

ciclo productivo se resume en sus facetas de producción, oferta, sobreproducción y

crisis.

En consecuencia está claro que los intereses individuales y los colectivos rara

vez coinciden, siendo esta situación la que provoca las crisis. El capital se dedica a la

producción de mercancías superfluas, inútiles desde el punto de vista social, porque

puede obtener mayores beneficios. Y trata de convencer de que lo que le da más

rendimiento es lo que más falta hace.

Quinta estación.- La crisis actual, sus consecuencias y quienes nos dirigen

Dice Günter Grass, escritor y artista alemán, galardonado con el Premio Príncipe de Asturias

 de las Letras en 1999 y el Premio Nobel de Literatura en el mismo año, que durante su

estancia en la India contemplaba las montañas de leña que seapilaban cerca del templo

de Kali en Calcuta, para la incineración de cadáveres en las piras funerarias.

Reflexiona que sólo los cadáveres ricos reciben madera suficiente. Es la economía de

mercado libre donde la muerte en un factor de coste más.

La vida y la muerte se convierten en negocio y los seres humanos recibimos

tanta madera como podemos permitirnos, en la vida o en la muerte. Somos mercancías y

valemos muy poco.

Esta crisis que padecemos parece diseñada para desmontar la sanidad pública,

gratuita, universal. Desmontar la educación pública. Desmontar los servicios sociales.

Desguazar el derecho al trabajo y los derechos sociales que lo acompañan, la protección

por desempleo, los salarios sociales, las pensiones.

Es clarificador comprobar la facilidad con la que nuestros gobernantes se

entregan a la tarea de desmontar el Estado Social, con un arrebato insuperable. Para ello

intentan jugar con el miedo de los pueblos. Hacernos sentir individuos atenazados por

un miedo que nos anestesie.

Lo intentan y a menudo lo consiguen. Consiguen dividirnos y enfrentarnos. Es

necesario que nos empeñemos en organizarnos, defendernos y ser verdaderamente

libres, para elegir la vida y defenderla. El problema es que para los mercados sólo

somos mercancía: Factor de coste.

En este momento llegaba a mi destino y dejé de meditar. Todo había sido un sueño. Tenía que trabajar.

                                         Leonardo Margareto